Que Dios nos perdone

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BSO “Que Dios nos perdone”

  • 27, 28, 30 ENE / 12 FEB 2016
  • 4 sesiones de grabación
  • Compositor: Olivier Arson
  • Productor musical: Abel Hernández
  • Cello (Sara Galán), violín, (Ana Galletero), guitarra eléctrica (David Sergeant), órgano (David Largo) y percusión (Rodrigo Martínez).

Partiendo de una base puramente electrónica, Olivier Arson y Abel Hernández, querían completar la nueva banda sonora en la que estaban trabajando grabando algunos instrumentos reales. Así conseguirían dos cosas: tener texturas y efectos que de otro modo serían muy difíciles de conseguir y sustituir sonidos de instrumentos virtuales por instrumentos de verdad con sonidos reales y más grandes.

Desde el momento que pude escuchar una de las bases electrónicas que, junto con los diálogos, fueron nuestras guías supe que no iba a ser una grabación usual. El drama de las imágenes, junto con las atmósferas turbias e inquietantes, nos iban a llevar a buscar sonidos poco habituales. El lado más experimental de la música.

Comenzamos por el cello de Sara, usando un TelefunKen U47 muy pegado a las cuerdas para recoger todos los armónicos y  los sonidos de menor emisión sin perder resonancia, porque corríamos el riesgo de perder la textura de la madera. A este le sumamos un Moth Mic, un micrófono de fabricación española ideal para conseguir un sonido filtrado y latoso.

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Al día siguiente nos acompañó Ana con su violín. Como algunos de los ruidos que producía tenían muy poca intensidad, me pegué a las cuerdas todo lo que pude, en lugar de colocar los micrófonos elevados como es habitual.  Así conseguía darle menos ganancia al previo y evitar que hubiera soplo. Para los posibles problemas de fase probé a ponerlos todos en el mismo punto, pero resultaba incómodo para Ana. Así que el violín acabó, literalmente, rodeado de micrófonos aunque tuviéramos que corregir las pequeñas desviaciones de fase manualmente. A pesar de eso algún susto se llevó nuestro km.

Usé tres micrófonos, un Neumann KM140 para recoger el sonido real del instrumento, un Beyerdinamic M160 (micrófono de cinta) apuntando directamente al roce del arco con las cuerdas para conseguir un sonido mucho más áspero, y de nuevo el Moth Mic muy pegado, para conservar esa textura más efectística que habíamos conseguido con este micro y la madera del cello.

Tanto el cello como el violín los pasamos por un Roland Space Echo RE201 que grabamos mediante un envío de la mesa al mismo tiempo que hacíamos la propia toma microfónica, en sus respectivos días. Aportó muchas posibilidades de cara a la mezcla, permitió introducir una atmósfera de mayor extrañeza, y se pudo combinar o alternar entre el sonido wet y dry en una misma escena, lo que producía efectos bastante sorprendentes.

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Seguimos con las guitarras, que también fueron heterogéneas. Junto con los pedales de David, un par de amplificadores y unos cuantos micros creamos un sonido bastante grueso que añadía mucho peso a las escenas en las que aparecía.

Dividimos la guitarra en una señal estéreo, a la que conectamos por un lado un amplificador de bajo, un Boss Solid State F-Bass de últimos de los 70, con una pantalla Aguilar 4X12, y por otro un Kahayan Tweed Edulis. En el sonido de la guitarra partíamos de una pedalera bastante potente, tenía un compresor, un booster y un fuzz, activados la mayor parte del tiempo. Además de un par de delays, un armonizador, y una reverb, que usamos en algunos momentos.

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En la pantalla Aguilar puse 4 micrófonos: un AKG D112 y un Neumann U47 FET para obtener el sonido más limpio y detallado, un Yamaha NS10 (que solemos usar en Estudio Uno a modo de subkick) para recoger los subgraves de la guitarra, y de nuevo el Moth Mic para buscar un sonido distinto.

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En el amplificador Kahayan coloqué un Neumann U87 y un micrófono piezo-eléctrico (PZM) dentro del amplificador, buscando un sonido crispante y que también tuviera esa textura de la madera. Usé un Audio Technica ES961.

Además, una de las lineas la pasamos por el Space Echo durante la grabación, lo que le daba mayor unidad a las escenas en las que sonaba junto con el cello o el violín.

Dos semanas más tarde nos mudamos al Auditorio Profesional de Segovia, donde de la mano de David fuimos a grabar un órgano de tubos. Una grabación muy interesante, ya que nunca había podido apreciar la construcción de semejante instrumento tan de cerca.

Esta vez buscamos un sonido más real y sobre todo grande. Una pena que la habitación en la que estaba el órgano no aportara mucho. Para recoger ese sonido tan grande y amplio, frecuencialmente hablando, dispuse dos pares estéreo. Una pareja de AKG 414eb, colocada en frente del órgano a una altura media, empleando la técnica Blumlein para conseguir una mayor especialidad. Y un par espaciado de Neumann U87a situados en frente del instrumento pero a una mayor distancia que la otra pareja, y bastante más altos. A esto le sumamos un AKG D112, situado cerca del tubo de frecuencias más graves, buscando un refuerzo en dichas frecuencias, que sin embargo, lo que más aportó fue la textura del viento al salir del tubo. Subgrave había más que suficiente en la pareja Blumlein.

 
La sesión la terminamos grabando un gong vietnamita y unas campanas tubulares tocadas por Ricardo. Ambas las grabé con un par espaciado AB de Neumann U87a. Grabamos varios tonos y octavas para que Olivier los pudiera samplear más tarde.

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Algo distinto a lo que hacemos todos los días en Estudio Uno, un placer experimentar con gente que sabe lo que hace.

 

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